EL LIMOSNERO MARX
En un elegante Café se encuentra un pobre señor pidiendo
limosna en la entrada, su vestimenta es un pantalón un poco roto, un saco negro
muy sucio y una camisa percudida, lo que más se apreciaba del limosnero era su
abundante barba, de repente se observa a Rafael Moreno Valle que se dirige a la
entrada del Café, de repente, las miradas del limosnero y del gobernador de
cruzan, Rafael Moreno Valle le habla al limosnero:
Carlos Marx, ¿Cómo está mi viejo amigo?, ¿Dime que has
hecho?, ¿Cómo te ha ido?
Rafael, cuanto tiempo sin vernos, han pasado muchas cosas, y
la verdad no me va tan bien, estoy en la pobreza, pidiendo limosna, tengo un
trabajo donde me pagan muy poco capital, mientras que los empresario y
monopolio crecen, por cierto supe que eres el gobernador de Puebla, que gran
logro viejo amigo, ¿Y tú que haces por aquí, como te ha ido?
Rafael se le queda mirando de pies a cabeza a su amigo
Carlos Marx, se aleja un poco, su olor es desagradable, observa su vestimenta,
y después observa la suya, pantalones de vestir color gris, planchados a la
perfección, una camisa totalmente blanca, pareciera que trae las nubes de
camisa, una corbata azul muy fina, un saco gris en su hombro y unos zapatos muy
relucientes, se muestra el rostro de rafales un poco triste, baja un poco la
mirada, siente más vergüenza como se ve Rafael que como miran a Marx.
He estado bien, de un lado a otro trabajando por el bien
estar de mis ciudadanos y ahora vengo a tomar un pequeño respiro en este
pequeño Café, relajarme un poco, ¿Gustas que te invite un café?
No, al contrario, permíteme a mi viejo amigo invitártelo.
Rafael Moreno Valle se queda perplejo, no cabe a comprender
como es posible que ese hombre sin dinero, vistiendo esa ropa tan percudida
pueda invitar un café en un lugar tan caro, no sabe que decir, inclina su
cabeza y se rasca la parte trasera de ella, acepta Rafael y entran, todas las
personas se les quedan mirando, algunos se tapan la nariz por el olor que
desprende el limosnero Marx, se colocan en una mesa que se coloca en el patio,
al sentarse Marx pide dos cafés, él pide un expreso al igual que Rafael, se
colocan frente a frente, se crea un gran silencio incomodo, se siente la
tensión en el aire, Rafael rompe el silencio.
He sabido que escribes viejo amigo, sobre cómo se debe de
manejar el capital, sobre los trabajadores.
Así es amigo mío, son escritos que hablan por los
trabajadores mal pagados y explotados laboralmente, de pobres que pierden
empleos gracias a los monopolios y lo sé de muy buena fuente, ya que yo soy uno
de ellos, y dime ¿Has leído alguno de mis escritos, o solo sabes de ellos?,
Rafael tiembla ante tal pregunta, mira hacia las estrellas,
se coloca la mano sobre la boca, sosteniendo a la vez su mandíbula, y se pone a
pensar unos segundos.
No la verdad no he tenido el privilegio de leer uno de tus
escritos, cuando eres gobernador te mueves de un lugar a otro, no tienes tiempo
para nada, pero platícame sobre uno de tus libros, “El Capital” es uno de tus
libros celebres, háblame de él.
Rafael siente vergüenza, ahora pasa su mano sobre su
cabello, recogiéndolo para atrás, cuando llega el mesero, lo sorprende, hace un
pequeño salto, y solo mira el café, el mesero se retira y solo se quedan
ellos dos.
Si no hay problema amigo, entiendo eso y más cuando hablas
de tiempo, en “El Capital” escribí, el salario no es el precio del trabajo, si
no de la fuerza del trabajo, ¿Qué entiendes por eso?
Rafael se queda impactado, trata de contestar, sus ideas aun
no son claras, son necias y tratan de salir de su boca, titubea, se pasa la
mano por su frente, tratando de pensar que contestar y dice:
Pues dices que se debe de pagar por la fuerza del trabajo,
¿No?
Marx se observa en su rostro que no está del todo contento,
se muestra un poco molesto, muestras después una expresión de pensador por la
respuesta, Marx decide acabar con el drama y contesta:
Se entienden tus palabras, pero prefiero que mis palabras sean
las entendidas.
Rafael se muestra intrigado, devorado por el suspenso, su
corazón suena como el repique de los tambores y le contesta a Marx:
Habla de una vez amigo, ¿Qué quieres decir con esa frase?
Marx le contesta:
Que contestarías a esto, si la jornada de un obrero es de 8
horas, pero su trabajo lo termina en 5 horas, que se debería de hacer, a ver si
entiendes Rafael.
Marx muy alegre le contesta, carcajea un poco, en cambio
Rafael se rinde a su acertijo.
No la verdad no sabría qué decir, ¿Es una pregunta capciosa
o que intentas?
Marx vuelve a reír, juega con su barba, y le contesta:
No querido amigo, no es un acertijo, es una pregunta simple,
pon atención, a un obrero se le paga por su producción, y le dan ocho horas
para terminar su producción, pero este obrero es muy eficaz y la termina en 5
horas, así que dime, porque las fábricas, no dejan ir al obrero si ya termino,
porque le quitan 3 horas, ahora bien, terminando con eso, dime amigo, ¿Para ti
que es la mercancía?
Rafael tiembla su taza de café, cuando trata de beberlo, se
muestra incomodo, bebe café y después se limpia la boca con una servilleta, toma
la decisión de contestarle a Marx.
Pues bien, como soy economista diría que la mercancía es
aquello que podemos para vender o comprar, o ¿Tu que piensas?
Si está bien tu definición, para mí la mercancía es el
objeto que en lugar de ser consumido por el productor se destina al cambio o a
la venta, pero ahora amigo, dime porque el capital que tienes no lo inviertes
para generar aún más, invertirlo en empresas, en industrias, y el capital que
tienes decides gastarlo en publicidad para tu imagen o logros.
Rafael se muestra sorprendido, tomo su café, y trato de
esconderse tras la exquisitez de un café expreso.
Si amigo, te he leído, en lugar de tu leerme a mí, haces
crecer los monopolios y juegas con el capital para invertir en tu imagen, desperdiciaste
en tan solo un año 124 millones de pesos para promover tu imagen, para que
saliera en salas de cine, en la televisión, en Internet, en todas partes, y
¿Dime cual fue la ganancia?, que se ganó con eso, acaso acabaste la pobreza,
acaso creaste más empresas, donde está la ganancia del pueblo.
La mirada de Rafael exalta, no puede creer tanta cantidad,
piensa Rafael que solo es invento de Marx para hacerlo sentir mal, pero empieza
hacer muecas de que está contando, y cuando le da el total, baja la cabeza de
vergüenza.
Amigo mío, tú y Engels, me han apoyado en mis escritos, ya
que en Alemania, prohibieron su venta, y tras las persecuciones tuve que huir a
Puebla, pero la pobreza y el trabajo injusto me han seguido, mis hijos mueren
por enfermedades, pero pese a todo, he podido sobrevivir, gracias a ustedes,
que son de una mejor clase social, que por cierto termino aborrezco, porque
tenemos que vivir en clases sociales, porque no todos tener las mismas
oportunidades para crecer, porque estamos regidos por monopolios, y porque apoyas su causa, haces más rico al
rico y más pobre al pobre.
Rafael le contesta: no Marx, te equivocas, he estado
ayudando a los pobres, haciendo programas para ayudarlos, ya sea
económicamente, con su salud, o con empleo, no he dejado de lado esa causa,
¡Créeme!
Hay amigo mío, límpiate la hipocresía que derramas en tus
palabras, seré pobre pero no crédulo. Piensa Marx y después le contesta:
Si de verdad estas apoyando la causa, a los pobres, porque
puebla está ocupando el tercer lugar en pobreza, a quien le creo, a los medios
o a ti, cuando voy por las calles, escucho manifestaciones de trabajadores que
piden mejor empleo, mejor pago, te diré exactamente lo que una de sus compartas
decía:
Mientras el gobierno niegue los derechos fundamentales como
la vida con dignidad, el trabajo, la alimentación, la pobreza no será
erradicada y menos con el régimen neo liberal de Moreno Valle, que para todo
problema la solución es con la represión violenta.
Crees que no me da lastime ver esas compartas amigo, yo estoy
en una fábrica, en donde pagan apenas 1000 pesos a la semana, pero ¿Sabes qué?,
lo que yo produzco no es lo que se me paga, ósea los 1000 pesos, lo que yo
produzco son como 9000 pesos, pero a mí solo me dan una pequeña parte de lo que
produzco, y lo que sobra se lo queda el empresario, el capitalista, a eso le
llamo plusvalía, ahora bien amigo, antes de que se nos acabe el café, ¿Podrás
hacer algo para ayudarnos, para ayudar a los pobres, al trabajador, para acabar
los monopolios?
Moreno Valle, siente vergüenza, lastima, dolor, por saber
que su amigo sufre en una de las empresas que ayudo a construir para hacer más
pobre al pobre, toma su café para beber algo, pero se da cuenta de que su taza
está vacía, en cambio la taza de Marx tiene un poco menos de la mitad, y Rafael
Moreno Valle piensa, es admirable la forma en que a pesar de que es limosnero
Marx, supo ahorrar su taza de café, en cambio yo olvide cuando se vacío la mía.
Rafael Moreno Valle sonríe, se levanta y mira a la cara a su
amigo Carlos Marx, y le dice:
Claro que los ayudare pero no lo hare solo y no solo los
ayudare a ellos, también te ayudare a ti mi querido amigo, alguien con tu gran
intelecto, con tus saberes en la economía, me ayudarían en mi gabinete, como
dices, “Todos los filósofos han tratado de interpretar el mundo en lugar de
transformarlo”, ¿Qué dices si me ayudas
a transformarlo?
Marx acepta, se levanta, se abrazan, pagan la cuenta y se
desvanecen, solo quedan aquellas dos tazas inmortalizadas de una plática de
capitales.
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